Detestando toda forma de idolatría

Detestando toda forma de idolatría


“Hijitos, guardaos de los ídolos” (I Juan 5:21)


“Por tanto, amados míos, huid de la idolatría” (I Corintios 10:14)


“¡Tuya es, oh Dios, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor, porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová es el reino, y Tú eres excelso sobre todos.! ” (1Crónicas. 29:11)


Es lamentable que aún cuando estamos totalmente de acuerdo con esta declaración, y aún cuando reconocemos la grandeza, el poder y el señorío de Dios, tenemos la tendencia de practicar ciertas formas de idolatría, o esconder algunos ídolos inofensivos en lo más recóndito de nuestro ser. Si estudiamos con detenimiento la historia del pueblo de Israel descubriremos que sus crisis, fracasos y exilios, estuvieron íntimamente vinculados a la idolatría.


Valdría la pena preguntarnos: ¿Realmente Dios necesita nuestra adoración? si no es así, entonces ¿Porqué nos la demanda? ¿Porqué razón, Jesucristo dijo que el Padre busca verdaderos adoradores que le adoren en espíritu y en verdad? Dios no solamente es digno de suprema alabanza y adoración, sino que también le exige a sus adoradores que aborrezcan cualquier forma de idolatría, porque de no ser así, corremos el grave peligro de corrompernos al ir en pos de dioses falsos e ídolos paganos.


Adorar al Dios vivo y verdadero es elevarnos como criaturas suyas y transformarnos en su nueva creación como hijos e hijas redimidos con la sangre preciosa del Cordero. Es alcanzar el supremo ideal y la máxima bendición. Es armonizar con el plan divino no solamente conociendo cada vez más de Dios, sino gozando de su presencia en nuestra vida.


Adorar al Dios vivo y verdadero nos preserva de entregar nuestra alma a la corrupción, nos libra de disoluciones que nos reducen y desintegran como seres humanos Sabemos que los deleites temporales del pecado acarrean condenación, pero que Cristo vino para redimirnos y darnos vida eterna. Por lo tanto somos criaturas libres, sin ataduras ni condenas, porque en Jesucristo hemos sido librados de la esclavitud del pecado.


Adorar al Dios vivo y verdadero nos permite que nuestra inteligencia se expanda para tener una más clara comprensión del universo, de la eternidad y de los propósitos divinos. Es tener la mente de Cristo para renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos y poder así, vivir mientras tanto en este mundo, sobria, justa y piadosamente.


Adorar al Dios vivo y verdadero nos define como dignos representantes suyos y como verdaderos exponentes de su gracia redentora, porque somos la luz de este mundo al permitir que Cristo se manifieste en nosotros.


No andamos en tinieblas, ni en la vanidad de este mundo, sino que esperamos en el Dios de los cielos la redención de la posesión adquirida, teniendo como anticipo las arras del Espíritu para alabanza de su gloria. Adorar al Dios vivo y verdadero, en fin, no solamente garantiza las más ricas bendiciones del Altísimo, nos preserva del mal y del maligno, sino que además nos llena de gozo y paz al saber que somos posesión suya, ovejas de su prado.


Es urgente buscar a Dios de todo corazón, que renunciemos drásticamente a cualquier forma injusta de idolatría. Examinémonos con toda sinceridad, no vaya a ser que el dios que tenemos lo hayamos fabricado nosotros mismos a nuestra semejanza y antojos. Recordemos además que la Biblia dice que no podemos servir a dos señores. Sigue siendo la solución al pecado de la idolatría, el no tener dioses ajenos delante del Señor. Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.


Me ha llamado la atención que la derivación del término “Icono” está íntimamente ligado a las imágenes de carácter religioso. La iconografía es un arte greco bizantino que se esmeraba en producir imágenes místicas que representan a Jesucristo, la virgen y otros santos. Increíble pero cierto, hay iconografos profesionales de oficio autorizados por el vaticano para implementar la técnica y darle un tono sagrado al arte haciendo que las imágenes puedan ser veneradas. Curiosamente estas imágenes tienen necesariamente que mostrar los rostros de frente, solamente Satanás puede ser pintado de perfil. Inesperadamente el término lo han implementado al uso frecuente de los ínter nautas, quienes diaria y viciosamente navegan por un nuevo sistema nervioso llamado Internet, pues técnicamente hablando, un icono viene a ser una pequeña imagen, normalmente un símbolo utilizado para representar gráficamente una función en la pantalla de nuestros ordenadores. Ahora lo más inquietante del asunto , es descubrir que nuestra vida puede estar plagada de iconos que poco a poco han sustituido al Dios verdadero por los ídolos del placer, la fama, el mercado, el poder y de religiosidad. No me tiene que creer, solamente mire a su alrededor, y descubra usted mismo las técnicas de mercadotecnia, la adoración al bienestar inmediato y los diferentes rostros de nuestra narcisista sociedad, cuyo problema ya no es el ateísmo, sino el imperante secularismo de nuestra era post cristiana, lo cual viene a ser la manera más sofisticada de adorar a los dioses artificiales de este mundo.


La Palabra de Dios nos advierte que aun los malos deseos vienen a ser aspectos de idolatría, “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5) Es necesario hacer esfuerzos significativos para arrancar y destruir de nuestros estilos de vida y pensamientos, toda forma de impureza que pueda representar idolatría. Amar a Dios sobre todas las cosas y adorarle con devoción verdadera es la respuesta para armonizar con nuestro Señor y derribar los altares a los dioses falsos.